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La Revolución de las Comunidades en La Rioja

por Ramón José Maldonado y Cocat

No podemos saber lo que España hubiera sido de haber triunfado la «Santa Comunidad» castellana, y para otros se queda esta casi incontestable interrogación, y es ahora nuestro solo objeto ver históricamente la participación que la comarca castellana que conocemos por la Rioja, tuvo en el repetido movimiento de principios del siglo XVI.

Dos ciudades riojanas: Haro y Nájera, y otros pueblos de menos importancia como Huércanos, Uruñuela, Matute y Camprovín, tomaron voz por la Comunidad; la pequeña ciudad de Logroño que es cabeza de la provincia desde el pasado siglo, sólo fué importante en el sentido de haberse fechado en ella algunas cartas y documentos relativos a la rebelión; ciudad que el mismo año del fin de las Comunidades, el 1521, el 11 de Junio adquiere nombre y heroicidad al defenderse y rechazar las tropas francesas en su famoso y de todos conocido cerco al mando del buen Corregidor Vélez de Guevara.

La villa de Haro se alzó contra el Condestable de Castilla, que rápidamente la sujetó en principio. A pesar de creer todo acabado, el 17 de Septiembre de 1520 hubo nuevos alborotos expidiendo ese día el Condestable, desde el Palacio de la Choza, un mandamiento para que no se celebrase hasta nueva orden Concejo General, sino en el caso de que el Alcalde y Regidores lo consideraran necesario, dando otro mandamiento al siguiente día 18, para que todo aquel que produjese el menor escándalo o altérese el orden público, como ahora decimos, fuese reo de muerte. Al mismo tiempo ordena que Haro designe veinte hombres para entender y tomar acuerdos sobre la vida de la ciudad, siendo sus decisiones tan válidas como si fuera Concejo en pleno.

Son éstas dos sabias medidas que hablan a las claras de la intención del Condestable, cortando de raíz lo que podía ser motivo de rebelión. En primer lugar la amenaza de ser ajusticiados los alborotadores en el acto, y el Condestable no lo decía en vano, y en segundo, prohibir el Concejo abierto, ya que no pudiendo celebrarse este, no había lugar de reunión para los ánimos exaltados como estaban en Castilla, de cuyas reuniones en Toledo, Segovia y el resto de las poblaciones comuneras salió el grito de rebelión y el acuerdo era legal y perfecto. No es necesario decir que los veinte jarreros nombrados para representar a sus vecinos eran de toda confianza y reconocida lealtad al Condestable, que así terminó, casi en su origen, con la Comunidad de Haro.

La ciudad se sometió, sus gentes volvieron al trabajo y este pequeño foco quedó reducido, huyendo los más comprometidos a la cercana ciudad de Nájera. La nobleza jarrera se mantuvo fiel al poder constituido, pudiendo ser esto motivo de su rápido sometimiento, ya que, aunque las Comunidades fueron movimiento esencialmente popular, las acaudilló en casi todas las partes la nobleza, sirviendo de ejemplo en la cercana provincia de Álava con el Conde de Salvatierra a la cabeza y los tres caudillos ajusticiados en Villalar, representantes de la primera sangre de sus respectivas ciudades.

En Nájera fué más seria y más sangrienta la rebelión. Proclamóse la Comunidad el 14 de Septiembre de 1520, se alzó contra su señor el Duque, y apoderándose del mando y la justicia de la ciudad, ahorcó a un hijodalgo, cuyo nombre no conocemos, criado del de Nájera. No paró aquí la cosa, ya que prendieron y encarcelaron a otros y saquearon e incediaron varias casas de enemigos de la Comunidad. Para prepararse de un posible asalto, como sucedió, del de Nájera o el Ejército Real, llamaron en su defensa al Concejo de Navarrete, y a los vecinos de Uruñuela, Huércanos, Camprovín y Matute que también dieron el grito de rebeldía. El día 17 escribían a Navarrete dándoles cuenta de haber tomado el Alcázar o Castillo de Nájera y les invitaban a recoger la documentación que les interesase.

Volviendo pues a la ciudad de Nájera, una vez encarcelados los sospechosos acometieron el Alcázar que tomaron, refugiándose el Alcaide con su gente en la Mota, creo que se refiere al Castillo cuyas ruinas vemos hoy día, en el Alcázar se fortificaron y esperaron la reacción del Duque que estaba en su Virreinato de Pamplona.     

Este no se hizo esperar. El martes 18 se presentó a tres leguas de Nájera acompañado de un ejército que arrastró de Navarra, aparte de la hueste de su tío Don Gómez de Butrón y otras de sus parientes. Hizo alto y según costumbre en la época mandó una corneta con su bandera para traerlos de nuevo a la obediencia haciéndoles saber en las penas que incurrían si persistían en su actitud y ofreciéndoles el perdón si deponían las armas, en caso contrario entraría a sangre y fuego en Nájera.

Los comuneros no se arredraron ante la amenaza que se les daba una hora de tiempo, y el mismo plazo a los pueblos que he consignado antes, cercanos a ella. Se negaron a dar paso al Duque y dispararon su artillería contra éste. Un nuevo intento de paz fue realizado por el corregidor y cuatro regidores de Logroño que entraron a parlamentar en la ciudad, sin que éstos fuesen tampoco atendidos, por todo ello el Duque dio orden de atacar Nájera. La defensa fue brava, pero no pudieron resistir mucho tiempo, entrando la tropa del Duque y saqueando la ciudad. Fueron presos los jefes de la revuelta y ahorcado cerca del Najerilla su principal cabeza, el bachiller Castillo, que ya había sufrido destierro por Fernando el Católico, y cuatro más.

Si no fue mucha la sangre derramada en Nájera, solamente dos personas y los cuatro ejecutados por el Duque de Nájera, el saqueo y los incendios redujeron a ceniza muchas casas najerinas y el pánico y la desilusión cundieron por La Rioja.

Haro y Nájera, como tantas veces sucede, se adelantaron a los acontecimientos, sin esperar las órdenes de la «Santa Junta Comunera», para levantar al mismo tiempo y, de acuerdo, las ciudades de Haro, Nájera, Santo Domingo, Logroño y creemos que algunas más como Calahorra, que estaban comprometidas, y lo que es más importante, que sentían y respiraban en comunero haciéndose solidarias del resto de Castilla. Sin embargo, el fracaso de Nájera y la entrada de las tropas francesas en el cercano Reino de Navarra, acabaron la rebelión en esta provincia, que unos meses después se cubría de gloría y heroísmos frente a las rotas banderas del ejército francés.

Las pérdidas ocasionadas por el incendio y saqueo de Nájera se calcularon en 70.000 ducados de la época. Bien es verdad que por venir aquí, el Duque dejó desguarnecido el reino navarro, origen esto de la toma de Fuenterrabía por los franceses, y las acendradas críticas de la Junta de Procuradores que ordenaba al de Nájera que devolviese rápidamente a Navarra el ejército sacado de allí y la artillería y no en son de guerra, sino pacíficamente intentara reducir la ciudad. Como hemos visto estas órdenes y consejos llegaron tarde o hubieran sido inútiles.

Esta fue la pequeña participación de La Rioja en la Guerra de las Comunidades. Ofrecemos una página modesta, en estos apuntes, para esa necesaria Historia de la Rioja, que está aún por hacer.