"Un pueblo que no defiende los cimientos de su casa merece ser desterrado y errar por siempre sin patria"
Juan Pablo Mañueco, 1981

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La Comunidad de Villa y Tierra de Oreja

por Juan Rodríguez Durán

La población de Oreja, hoy despoblado en el término de Ontígola (Toledo), y cuya población se estableció posteriormente en Colmenar de Oreja (Madrid), fue nombrada ya por los antiguos romanos como Aurelia. Permaneció en poder de los musulmanes hasta que Alfonso VII la recuperó para los castellanos.

No había transcurrido un mes desde la conquista de Oreja, cuando el Rey Alfonso VII de Castilla otorga su fuero, fechado en Toledo el 3 de Noviembre de 1139. La rapidez de esta concesión tiene como fin principal repoblar la fortaleza y sus alrededores para consolidar la conquista realizada, que por ser clave para asegurar la frontera del Tajo, sería atacada con toda seguridad, como de hecho ocurrió con la nueva invasión almohade (1146), en las razzias anteriores y posteriores a la batalla de Alarcos (1195), entre las que merece especial atención la del año 1197, que describen los Anales Toledanos de la siguiente forma:

"Vino el rey de Marruecos por Talavera e por Maqueda e por Toledo e por Madrid e por Alcala e por Orella e por Uclés e por Cuenca e por Alarcon e de y fues por la vía de Dios".

El Fuero de Oreja está considerado como uno de los más importantes del medievo peninsular, las citas sobre el mismo son muy numerosas. El Fuero de Oreja asignó a la villa de Oreja un vasto término dividido por el Tajo, y que en su margen derecha coincidía básicamente con el actual Colmenar, extendido entonces hasta Villarejo y, por el otro extremo, hasta Aranjuez. En la margen derecha del Tajo incluyó Oreja (hoy despoblado en término de Ontígola) y Noblejas. La población del alfoz se encontraba repartida en los dos núcleos urbanos que existían dentro de la demarcación del castillo: Oreja y Colmenar, el primero escaso (pues Oreja, por su emplazamiento, fue una creación para la guerra); y el segundo, más numeroso, situado en la altiplanicie conocida geográficamente como prolongación de la Alcarrria. El anejo Colmenar aparece ya entonces como un núcleo amurallado situado a la izquierda de un barranco.

Llegamos así al año 1209, en el que Alfonso VIII dona a la recién creada Orden de Santiago el Castillo de Oreja y sus aldeas, tierras, viñas, prados, montes y términos. La Orden de Santiago administró la Encomienda de Oreja durante 331 años, en los que Colmenar, con rango de Villa desde 1440, se convierte en el pueblo más pujante de los que integraban la Encomienda, gracias a las prerrogativas y derechos de que gozaban sus habitantes emanados todavía del Fuero de Oreja, y gracias a que la Orden prefirió potenciar los grandes núcleos poblacionales en detrimento de las aldeas diseminadas por el término.

Así fue que las gentes de Oreja, y de las aldeas de Villafranca, el Torrejón, Castellanos, San Juan del Valle y de San Pedro se fueron trasladando al Colmenar, que no pudo ya darles cobijo dentro de su amurallado recinto, por lo que estos nuevos pobladores tuvieron que construir sus casas al lado derecho del barranco, rodeando el importante templo santiaguista que ya existía a mediados del siglo XIII. Y tanta gente fue a morar a Colmenar que en 1540 tenía ya 761 vecinos pecheros, es decir, 2.869 habitantes, distribuidos entre la parte vieja y amurallada (villa original) y la parte nueva (arrabal), separadas ambas por un angosto barranco.

La variedad de los pobladores, de sus orígenes, de sus oficios, y los amplios y reales derechos a ellos otorgados por el Fuero de Oreja habían convertido a Colmenar en uno de las villas más importantes de Castilla. Y entre estos privilegios baste destacar la existencia de la excarcelación criminal y del medianeo para los pleitos civiles, o la posibilidad de que los vecinos del territorio pudieran pleitear antes sus propios jueces, sin los trastornos de un largo viaje a otro tribunal.

Tanto es así que es el propio Papa Paulo III quien, el 3 de Julio de 1540, autoriza a Carlos I, el nieto de los Reyes Católicos, a que saque las villas de Colmenar, de Oreja y de Noblejas de la jurisdicción de la Orden de Santiago para que pase a engrosar el patrimonio real. Y si Carlos, el I de España y el V de Alemania, no tomó para sí todo el término de Oreja fue porque el Duque de Maqueda, Don Diego de Cárdenas, firmó con el Emperador un contrato, redactado y otorgado ni más ni menos que en la Haya en 4 de Agosto de 1540, mediante el cual cedía al Emperador un numerosísimo bloque de terrenos a cambio de conservar las villas de Oreja, Colmenar y Noblejas.

Así, Colmenar de Oreja pasó de los 2.869 habitantes vistos en 1540 a los 4.618 de 1751, lo que le convirtió, tras la desaparición de los señoríos en 1811, en el segundo pueblo más importante de Madrid tras Alcalá de Henares, y muy por delante de otros como el mismísimo Aranjuez.

En los años de Señorío (1540-1811), Colmenar edificó la monumentalidad que hoy tiene e, incluso, asentó las industrias y los comercios que ya no tiene. Construyó su Casa Consistorial y el edificio del Pósito sobre su imponente y arquitectónicamente soberbia Plaza Nueva, hoy mayor; edificó los Conventos de las Agustinas Recoletas, el Monasterio de San Bernardino, el Hospital de la Caridad, hoy teatro; amplió la antigua iglesia santiaguista con una larga nave hasta su herreriana torre y adosó a sus costados las capillas del obispo de Fosant y del Amparo. Construyo el Humilladero, puso en riego toda la ribera del Tajo y puso en marcha las canteras de caliza que tuvieron masiva aplicación en el Palacio Real de Aranjuez y en el de Madrid. Inició la fabricación de las tinajas en sus más de treinta hornos en febril actividad para suministrar a todas las bodegas de España. Y en fin, proliferaron buenos artesanos en los más diversos géneros, desde el esparto hasta el anís y el jabón.

¿Qué ocurrió con la villa de Oreja?

Texto de www.pueblosabandonados.es

En los siglos posteriores al XVI, la población de Oreja fue disminuyendo en favor de núcleos más pujantes como Colmenar, Aranjuez u Ontígola, actual cabecera del municipio al que pertenece.

En 1795 el Diccionario Geográfico Universal de Laurence decía que Oreja tenía Alcaldes Ordinarios, que era pueblo de las Órdenes Militares, que pertenecía a la de Santiago y su Encomienda valía 8120 reales anuales.

Unas décadas después, el Diccionario de Miñano y López de Vargas de 1827 afirmaba que Oreja tenía 45 habitantes, y lo describía generosamente:

“Villa ordinaria de España, provincia y arzobispado de Toledo, partido de Ocaña, 10 vecinos pecheros, 45 habitantes, 1 parroquia. Situada sobre la ribera del río Tajo, en un elevado risco. Dividida su corta población en dos porciones por un grande barranco. Tuvo en lo antiguo un castillo, situado sobre un elevado risco, y cortado en toda su circunferencia. Produce trigo cebada, vino, aceite esparto, sal, y tiene un gran soto sobre la ribera del Tajo; y canteras de yeso. Dista una legua de Ocaña, una de Aranjuez, y otra de Colmenar de Oreja.”

Oreja debió quedar despoblado durante el siglo XX. El despoblado se sitúa en la margen izquierda del río Tajo, en lo alto de un cortado. El casco urbano está dividido en dos partes. El núcleo principal tiene forma de U y está compuesto por dos líneas de edificaciones adosadas con una calle central sin salida. Cada hilera de casas es a su vez doble, de modo que las viviendas tienen fachadas por ambos lados.

En lo que vendría a ser la abertura de la U se encuentra una pequeña ermita encalada recientemente y construida en ladrillo con cubierta de teja árabe y estuco. Es el único edificio que está en buen estado. Los demás están en ruina total o parcial. En algunos de ellos hay huellas de algún intento de mejora en épocas recientes, como portones de chapa o paredes de ladrillo hueco que desentonan bastante con el resto de las edificaciones, todas ellas levantadas en mampostería de piedra o adobe, y gruesas vigas de madera.

Según el catastro, el primer conjunto se asienta en una única finca rústica de 5000 m2 incluida la iglesia y el segundo conjunto con el castillo, sobre otra de unas 25 Ha., que también abarca un tercer grupo de edificaciones que parecen ser cobertizos para el ganado. Éstos últimos se encuentran en la parte baja del gran barranco que asoma al Tajo. Al parecer, el castillo pertenece al Ayuntamiento de Ontígola. Es de suponer que la gran propiedad de 25 Ha. que lo rodea, también. El primer núcleo, en cambio, es un raro caso de pueblo abandonado englobado en una sola propiedad.