"Espiritualmente ni Zamora, ni Salamanca ni León son pueblos castellanos. Así, León es una cosa distinta de Castilla. Castilla es Castilla la Vieja, es Burgos, Caput Castellae. Castilla es Castilla la Nueva, es Madrid, Toledo, Cuenca"
José Sánchez Rojas, 1916

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La Merindad de Carrión

Texto cortesía del Ayuntamiento de Carrión de los Condes

Fue en el siglo XII cuando el sistema jurídico-territorial de las merindades se desarrolló con toda su fuerza en Castilla, precisamente a raíz del testamento de Alfonso VII el Emperador en 1157, por medio del cual las actuales provincias de Palencia y Valladolid pasaban al Reino de Castilla para permanecer en él hasta la actualidad. En ese momento el joven Alfonso VIII se encontró con la problemática de organizar el nuevo territorio castellano que ampliaba sus fronteras hasta las puertas mismas del vecino reino leonés.

Es por ello que se desarrolló el sistema de merindades, y toda la frontera incorporada en 1157 a Castilla se organizó mediante esta fórmula, en la que un merino, nombrado por el Rey de Castilla, se asentaba en una fortaleza, dominando una comarca entera, con poderes judiciales y económicos sobre la misma. Con ello surgieron en el siglo XII las merindades del Infantazgo de Valladolid, de Carrión, de Saldaña y de Liébana-Pernía. En nuestro caso nos ocuparemos de la Merindad de Carrión.

Casi al mismo tiempo que se levantaban los muros de la villa carrionesa se regulaba el aprovechamiento de los recursos hidrológicos y, por tanto, se fijaban unas normas de uso del agua, a fin de garantizar la distribución ecuánime de este recurso, y de permitir que llegase en cantidad adecuada y con fuerza suficiente para mover las ruedas de molinos y de aceñas. Estas normas se dieron por el rey Alfonso VII, entre 1126 y 1157, pudiendo remontarse a periodos anteriores. En cualquier caso, ya se ha llamado la atención sobre la antigüedad de estos usos, conocidos más de 100 años antes de que se hiciese referencia por vez primera al Tribunal de las Aguas de Valencia, en el fuero XXXV de Jaime I de Aragón, hacia 1240. El reparto de aguas por Alfonso VII, fue confirmado en 1203 por Alfonso VIII, una vez que tuvo conocimiento, por una pesquisa, de los derechos de los carrioneses.

El siglo XII debió ser muy próspero en Carrión, a la vista del esplendor cluniacense, de las construcciones de iglesias (las románicas de Santa María y de Santiago), de esa presencia franca que siempre hay que relacionar con actividades mercantiles y artesanales, algunas de las cuales se representaron en el pórtico de la iglesia de Santiago, y de la referencia que tenemos de esa prosperidad por el comentario de Aymerich Picaud en el Codex Calixtinus : «…Carrionus que est villa abilis et obtima, pane, vino, carne et omni fertilitate felix…». A fines de esta centuria, Carrión estuvo en el punto de mira de Alfonso VIII, por variados motivos. Uno de ellos, porque la villa formó parte de las arras que en 1170 se capitularon para el matrimonio entre el rey y Leonor de Inglaterra; desde esta fecha, la jurisdicción de la villa quedará sometida a las reinas y a la Corona, siendo ocasionalmente y excepcionalmente una villa bajo dominio señorial. También eligió Afonso VIII a Carrión para celebrar Cortes en dos ocasiones, la primera vez en 1188, ocasión que se elige para que en ellas haya representantes de algunas ciudades, que se convocaron para decidir la boda de la infanta Berenguela con el hijo de Federico Barbarroja, Conrado de Rotenburgo; y la segunda, en 1193, para conceder fueros a Navarrete y para luchar contra los musulmanes. Asimismo tuvo el rey entre sus hombres de confianza, como alférez real, a un carrionés, a Gonzalo Ruiz Girón.

La semblanza de la judería carrionesa quedaría del todo incompleta si al menos no destacasemos a quien dentro de ella la dio renombre en el ámbito del mundo hebreo occidental. Nos referimos a Rabi dom Sem Tob ben Isaac ben Ardutiel. Su sabiduría fue reconocida por otros hebreos contemporáneos de él, como Joseph ben Sashon, y sus escritos circularon por todas las sinagogas europeas como textos litúrgicos, como sucedía con el titulado Confesiones. Es, sin embargo, más conocido entre nosotros por haber escrito los Proverbios Morales o Glosas de Sabiduría. El rabino de Carrión la había escrito para ganarse el favor de Alfonso XI, primero a quien la dedicó, con la pretensión en última instancia de que el monarca le devolviese un préstamo. Como el rey murió antes de redimir el préstamo, volvió a dedicarla a Pedro I, sin que se sepa a qué fin llegó el asunto.

La otra minoría segregada en Carrión era la musulmana. Los mudéjares se encontraban en el barrio de la Morería, también conocido como barrio de Manusel, al interior de la villa, pero como la judería, separado de la comunidad cristiana. Los representantes de los mudéjares, citados por el pregonero de la villa, tenían sus reuniones en la llamada Casa de la Merced. En sus escritos solían hacer constar que estaban «ayuntados çerca de los palaçios de nuestra sennora la rreyna que son aquí en la dicha villa, a donde estamos apartados por mandado de nuestro sennor el rrey».

Ya aludimos a este sometimiento a la jurisdicción de la reina en tiempos de Alfonso VIII, y se menciona ese derecho de la Reina sobre Carrión en el Becerro de Behetrías; asimismo, en 1393 Enrique III dio la villa en arras a la reina Catalina de Lancaster. Durante la mayor parte de la Edad media, por extraño que pueda parecernos, la ciudad carrionesa estuvo bajo dominio real, a resguardo de las apetencias señoriales.