"Espiritualmente ni Zamora, ni Salamanca ni León son pueblos castellanos. Así, León es una cosa distinta de Castilla. Castilla es Castilla la Vieja, es Burgos, Caput Castellae. Castilla es Castilla la Nueva, es Madrid, Toledo, Cuenca"
José Sánchez Rojas, 1916

Firma la petición

Zona de Socios

Poema XXV: Salinar de madera de mar

Recogemos aquí el 25º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Salinar de madera de mar (Santander)

A Victoria, mi mujer, a Victoria, mi hija, y a Santander, mi tríada de amores

Te nació el cielo marina,
Santander, y en tu bahía
el azul del mar cabría
recostada y cantarina.
Al clarear la neblina,
Santander de mar bravía,
galerna trazó grafía
en tu escollera salina.
¡Ah, Santander salinera,
quisieras que en ti escribiera!
 
Pero en piedras de escollera,
Santander a quien se inclina
el agua que en ti culmina,
estalla mar cual palmera.
¡Qué salinar de madera
de mar, cada ola, germina!
Palmeral de agua marina
que baja el cielo a tu vera.
¡Ah, Santander de agua y cielo
y olas quebrándose al vuelo!
 
En verdad que tengo celo,
Santander, del oleaje
que, bañando tu paisaje,
viene a postrarse a tu suelo.
Preferiría que un velo
te tapase con su encaje,
pues me temo que el mensaje
de tan repetido anhelo...
¡ah, Santander, no es ternura,
frases de amor te murmura!
 
La enamorada llanura
del océano encrespa olas
para, así, con sus cabriolas,
divisarte la figura.
Ni recata, ni procura
enviar antes caracolas
con anuncio en sus girolas,
sino insiste en su postura.
¡Ah, Santander, bandoleros
los maretazos viajeros!
 
¡Que teman mi marejada
los oleajes romeros,
haré con ellos esteros
henchidos de mar salada!
Y en esa balsa mojada
el sol y yo los linderos
de sal y el agua en senderos
tracemos. Su sal aislada.
¡Ah, Santander, me fascina
ser yo ahora tu salina!
 
Celeste en agua y en cielo,
en palmerales la espuma
de salmuera te perfuma,
con gaviotas en revuelo.
Oleaje, encaje, celo,
puerto que su sal rezuma,
playas de ternura suma
y, en la noche, luz en rielo.
¡Ah, Santander, la fortuna
te arrulló como a ninguna!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor