"Cantabria es una de las provincias de España, y de todas, la que más se defendió de los victoriosos ejércitos del Imperio Romano. En diversos tiempos fueron diferentes los límites, pero en todo tiempo anduvo inclusa en ella una de las provincias del Reino de Castilla, la que agora llamamos La Montaña, en cuyo distrito cae la villa de Santander"
Juan de Castañeda, 1592

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Poema XXVII: Espada de amor

Recogemos aquí el 27º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Espada de amor (Noche de San Juan de 1085)

A Antonio Herrera Casado, historiador y Cronista Provincial de Guadalajara

La dama es Guadalajara
y Álvar Fáñez la rodea.
Bajo murallas pasea,
cubierta lleva la cara.

La noche es noche cerrada,
la bella dama él desea
por si ha de librar pelea
porta al rostro la celada.

Es una noche estrellada
que en el cielo parpadea
y media luna que ondea
sobre el cielo y torreada.

A caballo ha hecho entrada,
junto a torre que bordea,
Minaya, que tintinea
en su mano recia espada.

Está la luna admirada
de cómo el casco golpea
del caballo, y alardea
en verde campiña hollada.

Es Álvar Fáñez Minaya
el que su corcel arrea,
el que las murallas vea
armado para batalla.

¿La noche? La de San Juan,
año mil ochenta y cinco.
El caballo ha dado un brinco
volviendo a Álvar más galán.

Un penacho en lambrequines,
que son las cintas de adorno,
le rodean todo en torno;
a la armadura, son crines.

Caballo está y caballero
trazando al pie sus cabriolas
y Guadalajara a solas
ve que luce otro lucero.

Guadalajara, aún mora,
media luna en su sombrero,
ve jinete tan ligero
que los ojos abre ahora.

Es una noche tan clara,
la más corta y viva de año,
que reluce tras su paño
y brilla Guadalajara.

Otra ronda de Minaya
entre torres almenadas
y adarves donde hay miradas
mirando desde muralla.

Tras él, aguza su lanza
prieta gente de batalla,
que se ha venido Minaya
también con gente que avanza.

Escudos portan escudos
que cruzan la cruz cristiana,
a su paso el prado aplana
sus pasos quedos y mudos.

¡Ay, que sí que ha sonreído
en la noche bella dama!,
¡Ay, que sí sabe quién la ama
y a un susurro presta oído!

-¡Ábrenos breve portillo
desde adentro de muralla!
Así le ha dicho Minaya
desde afuera del anillo.

Y un anillo, que es alianza,
desde dentro de la raya
Guadalajara, que calla,
les va a lanzar a su lanza.

-¡Ábrenos breve portillo,
soy Álvar Fáñez Minaya,
y allí siempre donde vaya
he de llevar tu castillo!

Era la noche tan clara
de junio en el veinticuatro
que el sigiloso teatro
guarda en sí Guadalajara.

Está dormida la guarda,
que no aguardaba a esa hora
requiebros a su señora,
aun siendo dama gallarda.

Un mozárabe cristiano
breve portillo le ha abierto,
para que sueñe despierto
Álvar Fáñez, castellano.

Y por postigo han entrado
en alarde silencioso
el ejército amoroso
por Minaya Fáñez guiado.

La enseña mora han arriado
del torreón ciudadano,
rojo el pendón castellano
en su lugar han izado.

¡Ay, de mi Guadalajara
que ya en sus plazas y calles
la han prendido por sus talles
galanes que ella esperara!

De tal manera, el solsticio
que marca al cielo el verano
va a amanecer más temprano
con fulgor de nuevo inicio.

No precisa usarse espada
cuando amor es sentimiento
que en dos partes halla asiento,
reunión es enamorada.

¡Y ella, por mejor saludo
a todos los capitanes
enamora!, ¡a sus galanes
abre puerta de su escudo!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor