"Castella duplex est: Vetus et Nova / Castilla son dos: la Vieja y la Nueva"
Cosmographiae Blavaniae, 1665

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Poema XXVIII: Laguna de Taravilla

Recogemos aquí el 28º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Laguna de Taravilla

No guardes nunca un secreto
en lago de Taravilla
que, aunque espeja, luce y brilla,
dentro de él no estará quieto.

Enclavado entre montañas
en Parque del Alto Tajo
nueve kilómetros viajo
para pasear sus brañas.

Es laguna circular
entre roquedos boscosos
de lágrimas guarda posos
que forman pequeño mar.

Pero siendo estanque quieto
protegido por su fragua
no confíes en esa agua
para guardar un secreto.

Ocurrió hacia mil quinientos
en noche de cruel tormenta,
rayos y truenos se sientan
caídos del cielo a cientos.

Un solitario viajero
llega a posada del monte,
habitación donde afronte
noche pide al posadero.

Era un rico caballero
quien fonda pidiendo había,
no verá la luz del día
quien porta tan buen dinero.

El brillo de la codicia
ciega presto al posadero,
que el oro del caballero
cree que ya lo acaricia.

Truenos y rayos de noche
alumbran en Taravilla,
más un cuchillo que brilla,
por un pasillo ya atroche.

Amarillas bolsas de oro
ha abrazado el posadero,
pero ahora el caballero
en rojo pierde un tesoro.

Envuelto el cadáver lanza
al centro de la laguna,
piedras le sirven de cuna
al que ahora en agua danza.

Cuando la noche es pasada
del crimen ya limpias huellas
posadero piensa en mellas
que su acción tiene trazada.

Y recuerda en ese instante
el cuchillo aún clavado
del huésped en un costado,
lo cual le muda el semblante.

En cuchillo aparecían
nombre y los dos apellidos
del posadero, bruñidos,
en hoja en metal irían.

No quiere mover laguna
por no levantar sospechas;
son aguas hondas, derechas
sin base final ninguna.

Pero al cabo de unos meses
fuerte temblor en la tierra.
Grieta se abre. El fondo asierra.
Sin agua, orillas unieses.

En el agujero seco
un cadáver aparece
en su costado se ofrece
cuchillo con un nombre hueco.

Preso quedó el posadero
por mal que había causado,
cuando seco quedó el vado
de la ley fue prisionero.

No guardes nunca un secreto
en lago de Taravilla
que aunque espeja, luce y brilla,
dentro de él no estará quieto.

Porque, desde aquel momento,
siempre que agua porta enigma
se vacía como estigma

y lo muestra a todo viento.

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor