"Hablar de Castilla en España es llorar. Una historia larga, apenas estudiada, envuelta en tópicos, esquilmada y manipulada en sus símbolos e interesadamente confundida con todo aquello que huela al nefasto centralismo"
Pedro Altares, 1981

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Poema XXXI: A Padilla, Bravo y Maldonado

Recogemos aquí el 31º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

A Padilla, Bravo y Maldonado

Capitanes en 1521 y capitanes de futuro

"El Reino no es del rey, sino de la Comunidad"
"El Estado no es de los representantes, sino de los representados"

Capitán General Juan de Padilla
la Junta Comunera te ha nombrado
y hoy a gloria eterna serás llamado
a veintitrés de abril, mientras Castilla

verdea en trigos y en la fe que brilla
contra un César absoluto llegado
desde tierras flamencas, que ha dejado
arca exhausta en Reino y en cada villa.

De Torrelobatón, alcázar breve
que asedio imperial no resistiría,
hacia Toro el ejército partía
cuyo muro aguantar su empuje puede.

Pero en medio de campiña y relieve,
donde Villalar se eleva y erguía
les avista imperial caballería
en día empapado en que el cielo llueve.

Cuantiosos los jinetes imperiales,
no porque su causa sea más justa,
sino sólo Su Majestad augusta
dadivoso fue en manejar caudales.

Combaten, de un lado, los ideales
de la libertad, y en contra la fusta
que, además de su tiranía, incrusta
prebendas y ventajas señoriales.

Al reino o nación lo quieren
situar encima del rey,
que sólo así norma y ley
por la libertad vinieren.

Así que las baterías
comuneras se sintieren
que, en su fragor, a quien hieren
es a añosas jerarquías.

Los campos son lodazales,
que impiden mover cañones,
de escopeteros sus sones
tampoco suenan iguales.

Más y más caballería
los imperiales aportan,
los predios pronto se acortan
entre pueblo y monarquía.

De Valladolid o Toro
refuerzos no han de llegar,
será, en campo, Villalar
muerte en rojo, o triunfo en oro.

Hasta Segovia y Toledo
noticias han de alcanzar,
de huestes que hicieron armar
y han batallado sin miedo.

Milicias van a luchar,
Salamanca, Madrid, Cuenca…
triunfo o derrota flamenca
a su oído harán hablar.

Padilla pica la espuela
con vanguardia comunera,
sea su sangre primera
que a vencer o morir vuela.

Grita: “¡El Reino no es del rey,
es de la Comunidad!”.
(La idea de libertad
ha calado ya en la grey).

No importa que luego apresen
al que clamó libertad.
Es futuro y es verdad
su criterio, aunque lo hiriesen.

Mil soldados comuneros
yacen ya por Villalar,
amapolas que al brotar
suenan sones mensajeros:

-“¡No sea el Reino del rey,
sea de Comunidad!”.
(Al futuro preguntad
y éste dictará su ley).

A la mañana siguiente
la aristocracia ha alzado
cadalso tan elevado
que a idea corte la frente.

Juan Bravo y Juan de Padilla,
más Francisco Maldonado,
a lugar tan destacado
de la Historia de Castilla

suben sin hincar rodilla.
Pide Bravo, el segoviano
-donde hoy en bronce su mano
ondea un pendón que brilla-,

morir antes que Padilla;
pero aún el toledano
otra frase en castellano
más alta y clara gavilla:

-“¡Las leyes las haga el Reino
y para ser recta ley
obliguen también al rey
que es por debajo del Reino!”

Hoy reyes o presidentes
se inclinan ante Padilla
que ideas, las de Castilla,
los mudaron en sirvientes.

Al menos, en teoría.
Que ni el Reino hace las leyes
y aún se tienen por reyes
sirvientes que “señoría”

se hacen llamar sin reparo.
¡Supiera Juan de Padilla
y Bravo, que a esa orilla
no llega -sino es descaro-

quien se sienta “señoría”!,
¡que el votado ha de sufrir
un encargo que servir,
lo cual servidor le haría!

Capitán Juan de Padilla,
el modelo castellano
en nombre triunfó, no en grano.
Falta la cuestión sencilla

que Comunidad sabía:
-"Ni el Reino sea del rey,
ni amo propio el que hace ley".
(¡Democracia eso sería!)

Ni el Reino sea del rey,
ni el cargo del encargado,
cumpla con lo programado
que le ha encargado la grey.

¡Nos falta aún, capitán,
el mandato imperativo
que al votado haga cautivo,
para tu gloria asir, Juan!

A esta dependencia estaba
procurador castellano
sujeto, y en verdad grano
es que libera a la esclava

gente que aún sólo puede
una u otra señoría
escoger, mas no la vía
que imperial modelo ruede.

Haznos, Juan, otro servicio.
Que después de Villalar
nos vuelvas a levantar
hasta la puerta y el quicio

en que Castilla futura
no sólo asuma en el nombre
democracia que le asombre:
¡lo que su fondo asegura!

¡Mil quinientos y veintiuno
no será así una derrota
sino una fecha que anota
futuro más que oportuno!

-“El Estado no es de los representantes
es -o lo ha de ser- de los representados”.
Reinos o repúblicas, si no son guiados
por tu voz… aristocracias semejantes

serán. Finjan los valores declarantes
lo que gusten. A expolio serán llevados
lo público y el erario, por amistados
clanes de rey o república imperantes.

La única diferencia... será de grado,
mas habrá despojo en lo que el dueño/pueblo no haya marcado.

Lograr tu revolución, Juan, aun bastante
fuera. La sustancial y única importante,

no la de este o aquel partido distante
ni la de la nominal forma de Estado.

Repúblicas o Monarquías, serán verticales
sin el programa que obligue a los representantes

y dé, al menos, ese poder real a los representados...
Ambos estarán, sin ti, Juan, sobre la Común alzados.

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor