"Castella duplex est: Vetus et Nova / Castilla son dos: la Vieja y la Nueva"
Cosmographiae Blavaniae, 1665

Firma la petición

Zona de Socios

Poema XXXIV: Seguidillas de los ríos de Guadalajara

Recogemos aquí el 34º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas de los ríos y sierras de Guadalajara

A los pintores, poetas y pensadores que han dicho que en Castilla "no había curvas" ni "regatos ni arboledas", o bien que pintan una tierra yerma, seca y parda e intitulan su parcialísima, tópica y desmoralizadora obra... "Castilla"

¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,       
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!
 
Hacia el río Ebro alguno
raudo progresa,
por abismos profundos
del Piedra y Mesa.
 
Sierra de Caldereros
tal cosa tiene,
que divide viajeros
lechos y nieves.
 
También ríos del norte
aman al Duero,
el Parado da el corte
y el Aguisejo.
 
En la Sierra de Pela
mana el atajo
que al Duero interpela,
tal como al Tajo.
 
Pero los cursos grandes,
propios de Alcarria,
a su acuático padre
Tajo lo llaman.
 
Saetas que hacia ocaso
vuelan hermanas,
Tajuña, Henares, Tajo,
más el Jarama.
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!
 
Sois los racimos de uvas
de mosto verde,
pues florestas en cubas
su hierba os vierten.
 
I. RÍO TAJO, ESMERALDA ENTRE LAS CUMBRES
 
Tajo, río esmeralda,
que el bosque entero
envuelve y viste de agua.
Floral sendero.
 
Vereda honda con hoces
que tajan valles,
rocosos murallones
semejan calles.
 
Cantiles, farallones,
que habita nadie,
a tus aguas veloces
han hecho Parque.
 
Puente del Martinete
salva angosturas
de estrecho Peralejos,
el de las Truchas.

Riscales de negrura
-pero horadados-.
Sólo luz no es oscura
por los forados.
 
¡Dios, qué sol tan grandioso!
¡La escarpadura
alumbra el luminoso
astro en la altura!
 
Alto Tajo te nombran
por ser temprano,
también puedan nombrarte
por encumbrado.
 
Fresno, pino, sauce, olmo…
quieren ser cielo,
pero los gana el chopo
versado en vuelo,
 
que deja atrás
a encina, boj y enebro
y al sabinar.
 
Desde arriba nos mira
el gavilán,
halcón, buitre que gira,
búho real.
 
Las águilas otean
el horizonte,
alcor gris que aletea
con eco y voces.
 
Jabalíes y ciervos,
corzos, ginetas,
los azores y cuervos,
nutrias atletas.
 
Después del Martinete
hasta el San Pedro,
puentes que son jinete
causan arredro.
 
¡Porque amedrentan
pasarelas tan breves
entre roquedas!
 
En mitad de gargantas,
los arcoíris
-cuando el sol se levanta
inverosímil
 
tras las lluvias caídas
por las quebradas-
nidos anidan
de alcotanes y de águilas.
 
Sobre arcos en el cielo
del Alto Tajo,
se atisba que las peñas
vuelan más alto.
 
El martín pescador
también nidal
sobre el arcoíris posa,
para pescar.
 
La luz juega con río
entre agua y flores.
Soleado. Sombrío…
El día. Anoche…
 
A veces, el torrente
fue maderada,
que bajó la corriente
suelta o atada.
 
¿Ágiles troncos? Claven
bravos gancheros
-con que domen y encaucen-
largos bicheros.
 
Que son las picas
por las que los gancheros
los troncos cuidan.
 
¿Atados? Almadías
-balsas flotantes-
timoneles tenían
barcas viajantes.
 
Hasta Aranjuez llegaban
en estos viajes
troncos en maderadas.
¡Su abanico abren!
 
Incluso hasta Toledo
y Talavera
el bogante enredo
que el Tajo viera.
 
Ayer era trabajo,
hoy son festejos
cuando surcan el Tajo
duros gancheros.
 
Al propio José Luis
recto y Sampedro
se le ve conducir
algún madero
 
entre brumas y nieblas
de Peralejos
hasta de Zaorejas
curvos reflejos.
 
O entre la Buenafuente,
la del Sistal,
y Huertapelayo, enfrente,
huerta y pinar,
 
José Luis es ganchero
hábil, frutal,
alegre por senderos
de agua, al cantar.
 
Por la diestra, Hoceseca
de puerto en puerto
agua que sabe a sierra
trae con el viento.
 
Luego vierte el Cabrillas,
que por Orea moje
a Checa y a Chequilla,
de día y noche.
 
Hasta que en Peñalén
se junte con el Tajo,
que le susurra “ven”.
 
Poco antes de esta boca,
donde Poveda
de la Sierra ara evoca,
guitarra suena
 
de Segundo Pastor.
¡Otra en la Alcarria
no ha sonado mejor!
Manos de magia.
 
Maestro concertista
y compositor,
al río está tocando
pieza en bordón.
 
Su “Homenaje a la Alcarria”
revela amor
de enjambre, zagal, danza,
rasgando son.
 
Delante, la laguna
de Taravilla
-princesa, oro, misterio…-
su agua gavilla.
 
Mitos entre montañas,
redondo lago,
sólo a tiro de piedra
queda del Tajo,
 
como si a una moneda
el sol, allá debajo,
haya incendiado en valle
liso pedazo.
 
También a diestra viene
el río Gallo.
¿Roquedal que lo frene?
Lo rompe en llantos.
 
Adarves de Molina,
puente románico,
verde Gallo camina,
corta barrancos.
 
¡Más las quebradas y hoces
-y los castillos-
que edad cabe en la noche
del Señorío!
 
El agua del Bullones
rebosa el Gallo
entre Tierzo, Terzaga,
Baños de Tajo.
 
Y previo a Fuembellida
por Almallá,
Bullones sal da y vida
a un salinar,
 
al que ya los celtíberos
-con voz de druida-
le extraían su sal
 
El Ablanquejo
aborigen de Ablanque
a la altura de Ocentejo
rinde su viaje.
 
Mirador de Ocentejo,
¡quién la mirara,
por siempre, a tu “Oz en Texo”!,
¡y quién te hablara
 
igual que tú nos hablas,
en castellano viejo!
De ayer. Hoy. Y mañana.
 
Cerca tajó el Hundido,
el de Armallones
Tajo o sismo que en ruido
cegó estas hoces.
 
Lo remojaba el río
en otro tiempo
hasta que, hundida entrada,
quedóse seco.
 
Huella del paraíso
hoy la roqueda,
¡fauna y flora feraz
quien la descienda!
 
En medio de Ablanquejo,
forado antiguo,
todavía me dejo
y algo salino:
 
Por el riente Linares,
-olor a pinos-
Cueva de los Casares
abre caminos
 
a grabados rupestres
y trogloditas,
que en la gruta nos muestren
treinta mil citas
 
con años anteriores
a la era y siglo.
¡Pinturas y grabados
contra el olvido!
 
Riba de Saelices
es municipio
que grabó esas raíces.
 
Y a pocos caminares
en Saelices
de la Sal, salinares
de albos matices.
 
Cifuentes, en cien balsas
nacido, llega al Tajo
por cataratas blancas,
calles abajo.
 
En el centro de Trillo
descuelga falda,
¡con donaire y con brío
mueve su saya!
 
Sobre el verdor del Tajo,
bajo un gran puente,
para darle un abrazo
curva el Cifuentes.
 
En fortín cifontino,
don Juan Manuel
el “Libro de Patronio”
hoy no lo lee,
 
que los boscosos Gárgoles
va a recorrer,
de Abajo y Arriba.
Trillo después.
 
A babor gran Guadiela
-de Serranía
de Cuenca-, anda con velas
por el Buendía.
 
Con Tajo de Entrepeñas
junta su embalse
para, entre astas y sierras,
ser navegantes.
 
Más abajo también
el de Bolarque
-sierpe larga entre sierras-
es navegante.
 
Que los veleros surcan
-por entre peñas
de Sierra de Altomira-
Tajo y Guadiela.
 
De aquí también al Tajo
largo trasvase
hacia el Mediterráneo
sus aguas guiase,
 
pese a que si él quisiera
ser Turia o Júcar
en la Universal Sierra
virase curva.
 
He aquí que, solidaria,
Castilla pura
vasalla es, tributaria
seco Segura.
 
¿Qué tierra solidaria,
Castilla mía,
igual se te mostrara
siquiera un día?
 
De Almonacid a embalse
Tajo en Zorita,
León Felipe hoy tarde
anda y visita.
 
Boticario fue en villa
y su amor guarda,
a esta tierra, una niña
que oyó…: “¡Qué lástima
 
que no tenga una patria!
Pero la Alcarria
lleva la vida a mi alma
y esa mirada
 
de una niña tan guapa
-nariz pegaba
al cristal mi ventana-.
Hasta que otra mañana
 
fue por mi casa
dentro cajita blanca…
e igual pegaba
su naricilla chata
 
al cristal de la caja.
Por mi pueblo de Alcarria
toda la vida pasa,
¡y muerte también pasa!”.
 
Abajo, tres kilómetros,
aguas del Tajo
Zorita de los Canes
es calatravo
  
y colosal castillo,
el más grandioso
del provincial recinto,
bravo y rocoso.
 
A otros tres kilómetros,
visigoda, alza
Recópolis su cetro
de piedra cana.
 
Mandó Leovigildo
a Recaredo
elevar estos lirios
más que el roquedo.
 
En pétrea explanada
hoy conservamos
la cristiana basílica
-sobre altozano-
 
más antigua de España, 
tras que los godos
abandonaran a Arrio.
¡Tajo en recodo!
 
Faltas tú, lento Arlés,
que por Pastrana
saludo bien cortés
das a doña Ana
 
de Mendoza. En la Plaza
de la triste Hora
sus recuerdos abraza.
Llanto que llora
 
la princesa cautiva
mana hacia abajo,
por risco, vega y riba
salando el Tajo.
 
¡A él quisiera fugar!
Y no ser sombra
que se pueda asomar
solitaria hora.
 
Santa Teresa funda
doble convento,
donde Amado profunda
paz y alimento
 
otorga. Y lanza y flecha
del Creador
en el humano enhebra
su largo Amor.
 
Sutil Juan de la Cruz
-monte y ribera-
por amar a Jesús
persigue su huella.
 
Las llamas de amor vivas
con que Dios le hiere
río observa en sus ribas,
¡quién las sintiere!
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!
 
II. RÍO HENARES, RUEDA GUADALAJARA HACIA SU RÍO
 
Desde Sierra Ministra,
casi en Sigüenza,
manantial de Castilla
Henares trenza.
 
Gota aún de rocío
ya se extasía
ante la urbe mitrada
y seguntina.
 
Don Martín Vázquez de Arce,
“Doncel” lo llaman,
ha cerrado su libro
esta mañana.
 
Cierto que por Sigüenza
queda su estatua
para asombro del mundo
que la mirara.
 
¡Se le ve cabalgar
abajo Henares,
para trotar la Alcarria
por montes y valles!
 
Al pasar reverencia
a un cardenal,
gran González Mendoza,
que en su sitial
 
ve cómo se termina
la catedral
-este alcarreño ilustre
no obvio en moral-.
 
El tercer rey de España,
de Dios primado,
en urbe alta de Henares
trama milagros.
 
Más holgado aun que él,
río Salado
-salina, estanques, norias-
lo ha empapado.
 
A poco llega el Dulce,
desde su Parque.
Poca luz, más perfumes,
llenos de sauces.
 
Por quebradas el río
de Cañamares,
tras haberse embalsado
en el de Pálmaces.
 
Antes, nos llegan ayes
desde Robledo
de Corpes –altos montes
y ruido quedo-,
 
cerca del Cañamares
de Carrión condes
a doña Elvira y Sol
han dado voces.
 
Luego con latigazos
la afrenta en Corpes
obscenos consumaron.
 
Las cinchas corredizas
bajan a nado
por el río, de donde
las azotaron.
 
¡Tan recios, crueles golpes
que por siempre han quedado
en robledal de Corpes!
 
De Sierra de Alto Rey,
por los Condemios
funda el río Bornova
su propio reino.
 
Cerca de Somolinos
el Manadero
laguna de agua fría
moja en el suelo.
 
Afluye hasta el Bornova
-presa en Alcorlo-
que desciende entre rocas
regio y redondo.
 
Con el Pelagallinas,
agua de sierra,
gotas tan cristalinas
que hoy son Reserva.
 
En Parque del Hayedo
Tejera Negra,
dan haya, pino y tejo
carbón y leña.
 
Lillas, Zarzas, Sonsaz…
y otros absorbe,
para formar caudal,
el río Sorbe,
 
que en Pozo de los Ramos
su agua represa
y más aun el pantano
que hay en Beleña.
 
Aguas que embebe el Sorbe
y que las liba,
nieves de dos mil metros
puras y frías.
 
Aguas que aviva y bebe
Guadalajara,
Madrid... Fina agua leve
de hayedo arriada.
 
Y a babor se arría él.
Hita celeste.
Milagroso Badiel.
Santo y castrense.
 
Por clérigo, arcipreste.
Amante y fiel.
Monástico y agreste,
lleno de miel.
 
Al pasar por Jadraque
el Faenarius,
que llamamos Henares,
cierra los labios.
 
La corriente que cruza
los campos de heno
ha quedado ahora
toda en silencio…
 
Que Mío Çid Ruy Díaz
trama celada
y entera noche tiene
tropa emboscada.
 
¡De madrugada
cuando se abran las puertas
de Castejón
 
frenará nada
para quedar expuestas
a quienes callan hoy!
 
El Çid Ruy Díaz
con ciento de su zaga
tomará Castejón
por añagaza,
 
sin haber de lidiar.
Guarda caución
Henares, por sigilo
y discreción.
 
Y mientras tanto
Álvar Fáñez Minaya
y otros doscientos
ha salido en algara.
 
Por el Henares bajan
de “Fita Ayuso
e por Guadalfajara
fasta Alcalá
 
lleguen en las algaras”,
que son plazas muy fuertes
y bien muradas.
 
¡Tantos siglos de Historia
y tantas épocas
como Arriaca memorias
guarda remotas!
 
¡Dios, qué hermosos países
por estos pagos,
tan variados, diversos,
tan castellanos!
 
Ahora Guadalajara
desde el balcón
ve pasar el Henares,
que el Tajo no.
 
Para ver lo más próximo
todo el reflejo
escalera iza Antonio
Buero Vallejo.
 
Que para tejer sueños
del río Henares
soñador para un pueblo
debe mirarle.
 
Y es solamente
la señal que él espera
que las ondas del agua
vengan ligeras.
 
¿Cuánto tiempo divisas,
tierra henariega,
donde empieza Campiña
a irrigar vega?
 
Rueda Guadalajara
hacia su río
como Wad-al-hayara
su canto ha oído.
 
¡Cuántos siglos, y aun eras!
¡Y, Arriaca, sigues
alta ,sobre tus piedras!
 
¡Dios, qué hermosura el agua
de esta provincia,
y cuanto más la amo, amo
más a Castilla!
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!
 
III. RÍO JARAMA, CANDELIZAS AGUJAS DE HIELO EN ÁRBOL.
 
Tú, Jarama que en ramas
desvistes grutas,
a más de dos mil metros
manan tus lunas.
 
De Peña Cebollera
o Tres Provincias,
en Cardoso de Sierra
bebes celliscas.
 
Luego al Pico del Lobo
-más alta cúspide
de la región-, neviscas
desvistes. Dúctiles.
 
Igual a Somosierra,
ramaje de agua,
como un árbol fluvial
cata el Jarama.
 
Acequias de neveros
entre regatos,
cabellos de carámbanos
tan carpetanos.
 
Cavernas manaderas,
canchal serrano,
candelizas agujas
de hielo en árbol.
 
Cardoso de la Sierra,
robles y hayedos,
y pinariegas flechas,
y encina, acebo...
 
Y entre las verdes cumbres
los pueblos negros,
bajo las blancas nubes
y azules cielos.
 
En la pizarra escribe
por los tejados
el fulgor, que concibe
brillos grabados.
 
Campillo, Tamajón,
Valverde negro,
Bocígano, Cabida…
sois mundos quietos.
 
¡Dios, qué sol tan hermoso
su luz irisa
contra montes y sotos
ebrios de brisa!
 
Porque casi tus puertos
fuesen de mar,
de infinitos regueros
que haces lactar:
 
Jarama, Jaramilla,
Horcajo, Ermito,
Vallosera en mantillas
y el Berbellido.
 
Tú solo, Jaramilla…
¡atruena tanto 
tu cañón, que ensordece
piedras y cantos!
 
De casi dos mil metros,
puerto Quesera,
Cardoso, Majaelrayo,
trazas frontera,
 
tan abrupta que nadie
hasta hace poco
trasponerla pudiera.
¡Tu abismo evoco,
 
hoy lo ha salvado un puente
y carretera.
Más talud sí se siente!
 
Y en escasos kilómetros
-Jarama aunado-
a novecientos metros
te embalsa el Vado.
 
Por curso del Jarama
a un cura de Hita
salteóle serrana
que monte habita.
 
En cuanto el río pasa
moza le mira,
nevosa la mañana,
bastante fría.
 
Es robusta serrana
de Malangosto
que fuera puerto y dama
expuesto al solo
 
que por allí viajara.
Tan pronto el rostro
por el puerto asomara
de Malangosto
 
le alojó y le mimó
dicha serrana
de manera y de modo
que no olvidara.
 
Igual Íñigo López,
de Santillana,
cruzando sus estados
halló serrana.
 
En viaje hasta Buitrago
y hasta el Lozoya,
el marqués montes sube
donde Berzosa.
 
Al pie de gran montaña
vaquera hermosa
vacas guarda en cabaña,
¡y tan graciosa!
 
Y a fe que si el marqués
busca venado,
por tal caza después
fue bien pagado.
 
¡Dios, qué hermosos salís,
veneros de agua,
es la tierra a que venís
afortunada!
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!
 
IV.  TAJUÑA, VALLES DE ORO QUE DORA EL OTOÑO.
 
Y faltas tú, Tagonius
romano. Juntas
valle angosto, al que arañas
por ser Tajuña.
 
Apenas sin afluentes,
salvo regatos
y concisos torrentes.
 
Sin embargo y con todo,
Tajuña en huertas,
tu alargado acomodo,
pleno de vegas,
 
entre toda su cuenca
segundo holgado.
Sólo vas por detrás
del propio Tajo.
 
Profundos valles surcan
tus puras aguas,
que abrigan como blusas
a las Alcarrias.
 
Clares y Maranchón
manan tus fuentes,
por Luzaga y Luzón
ya ríen peces.
 
Masegoso, Alaminos
y Cogollor,
donde tantos caminos
traza la flor.
 
Cívica en el Tajuña,
a pico abierta,
desenrocando en cuña
la breve sierra.
 
De Cívica dijo alguien
que si una aldea
tibetana parece…
quizá lo sea.
 
Horadada entre rocas
y entre piedras,
entre sus balaustradas,
sus escaleras,
 
con cascada que canta
a la pradera,
y colmenas en una
de sus laderas.
 
De Brihuega, jardines,
muralla, iglesias…
-después que los camines-
su agua refleja.
 
Del castillo rocoso,
Peña Bermeja,
contempla Alcarria brioso
Camilo Cela,
 
que a la Alcarria le llama
“bello país”
le dé a gente la gana
-o no- en venir.
 
En Brihuega, ¿milagros?,
Virgen de Peña,
aun siendo milagrosa
Brihuega entera.
 
Por Brihuega el Tajuña
pasa despacio
quiere ver cómo corren
toros por campo.
 
Ya en siglo dieciséis
toros corrían
por la villa briocense
montes y simas.
 
Que no sólo las calles
son recorridas,
colman con animales
valles, colinas.
 
Corren tanto los toros
que los caballos,
por el polvo que tragan
van resoplando.
 
Delante van los mozos,
como muchachos
que del toro se prendan,
le dan abrazos.
 
Cuando, Brihuega atrás,
se llega al campo,
hay que evitar del toro
sus arañazos.
 
Y los más valerosos
a todo trapo
ensayan darle al toro
sus capotazos.
 
Cuando ríos de gente
hay por los montes
de los toros la frente
es horizonte.
 
¡Falta volver los toros
a los corrales
porque el Tajuña pueda
seguir su cauce!
 
De Atanzón y Caspueñas
viene el Ungría,
por vertiente derecha
se le uniría.
 
Y por el borde izquierdo
el San Andrés,
que a Yélamos, Irueste
su adiós les dé.
 
Loranca, Mondéjar…
le traen su agua,
el Tajuña se la lleva
a Carabaña.
 
Y después por Morata
y por Chinchón
vuelca desde el Jarama
final adiós.
 
Pero mucho antes, Tajuña,
de esas Alcarrias…
en las previas, acuñas
selvas tan varias
 
que en la Tajera aturdes,
embalse verde
por las verdosas luces
de hojas silvestres.
 
¡Y qué decir, nogales
de valles de oro,
si acacia, aliso y arce
dora el otoño!

V. FINAL
 
¡Dios, qué hermosuras juntas
Guadalajara!,
¡Cuán verde zumo de uvas
pisan tus aguas!
 
Cuánta sierra y color
trepan laderas,
coquetea el amor
tu hendida tierra.
 
¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!
 
¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor