"El tópico de la Castilla imperial y expoliadora es un sambenito que la cultura centralista, seguida en este punto por los nacionalistas periféricos, le ha colgado gratuitamente al pueblo castellano"
Manuel González Herrero, 1978

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Poema XXXV: Seguidillas del naciente Duero

Recogemos aquí el 35º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas del naciente Duero

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus fuentes de río
te alcance a ver.

Sobre el mirador, Soria,
miras al río,
comba de tanta historia
como rocío.

¡Sierpe curva de Soria,
cómo te ansío!
¡Haces que me recorran
escalofríos!

Quien te conozca, Soria,
dama tan bella,
contigo habrá, señora,
nula querella.

Pero hoy, más que a ti misma,
Soria, a la cumbre
iré, donde reside
la fluvial lumbre

que nieve en noche fría
-hebras de luces-
templa y torna a la vida
como aguas dulces.

Duero, niño bravío,
quiere querer
que a tus fuentes de río
yo alcance a ver.

En los Picos de Urbión
-libre albedrío-
estrena el Duero embrión
de poderío.

Dos mil cien metros
y el griterío
de regatos cayendo
por llorar río.

Copos de nieve, cofias
sota del frío
soñando que son norias
rodando al río.

Manantial de Duruelo,
yo me extasío,
de que te nazca el Duero
albo y umbrío.

Madrugó bien el cielo,
sabio entre riscos,
que al pasar por Duruelo
agua se hizo.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus fuentes de río
pueda beber.

Cuando rozas el suelo
el vocerío
de los riachos no saben
que el desafío

de deshacer el hielo
no es desvarío.
¡Pondrán su traje al Duero,
niño bravío!

Con manos formo vaso
sota un nevero
al que le cierro el paso
Queda en silencio.

Por la diestra el Ebrillos.
El Revinuesa
a babor. Haz de brillos:
Laguna Negra,

blanca en pinos con nieve,
verde de yedras,
candes los murallones
de albares piedras.

Duero, niño bravío,
quiere querer
que Laguna en el río
sepa yo ver.

Las canas son tan blancas
-roca a través-
de regatos que bajan
agua a sus pies.

Tan claras aguas mansas
que reverberan
por verdor de los bosques
que la flanquean.

Canta el pinar frondoso
tanto en Vinuesa
que le escucha el hayedo
de Covaleda.

De este circo glacial
varias lagunas
dan cuenta que agua y hielo
hablan a una.

Por ello es natural
y recto Parque,
porque hasta el pastizal
es relevante.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus cumbres de río
pueda yo ver.

Hacia picos superbos
de Urbión atisbo,
donde corzos y ciervos
saltan amigos

por entre los peñascos
en graderío,
y hozan los jabalíes
sobre el vacío.

No sois agua pasada,
lagos de Urbión,
prosigue perpetuada
vuestra visión.

Río niño, ya naces
río guerrero,
mas con tu filo errante
yo no guerreo.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que tu espada de río
sepa envolver.

De tus bosques, un rayo
esclarecido
me llevo. ¡Iluminaba
con amor fluido

el sol, a rachas, sierra
tuya, alta Soria;
y hoy reluce tu tierra
en mi memoria!

¡Duero, río bravío,
quiere querer
que a tus fuentes del río

vuelva a volver!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor