"Castella duplex est: Vetus et Nova / Castilla son dos: la Vieja y la Nueva"
Cosmographiae Blavaniae, 1665

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Poema XLII: Canción de las comarcas castellanas

Recogemos aquí el 42º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Canción de las comarcas castellanas

Lo que va de ayer a hoy

I. Ayer
1981 (Del libro “Cancionero y Romancero de la Alcarria”)

Castilla, hermosa tristeza
que no supo amar su casa.
Tu pueblo agoniza ahora,
la estirpe tuya se acaba.

Olmo que erguiste abundoso,
te cercenaron las ramas.
¿Quién detendrá esta amargura
de los seres en su marcha?

Los caminos de emigrantes
tu agotamiento proclaman,
¿cuándo gritarán los vientos
la muerte que te amenaza?

Contemplad esas colinas
de gentes ya desterradas:
rubias fueron de trigales,
hoy el silencio las labra.

Las agujas de la iglesia
resisten mal las nevadas,
muchas cayeron en tromba
sobre la tierra, que calla.

Un pueblo que no defiende
los cimientos de su casa
merece ser desterrado
y errar por siempre sin patria.

Las techumbres se derrumban
como polvo, a dentelladas;
nadie fecunda tu vientre,
madre nutricia sin savia.

¿Cómo salir a la tierra
a proclamar la esperanza,
si ya la tierra es silencio
y soledades que callan?

Cuando la casa era fuerte,
quedó la casa habitada;
vino la noche, Castilla,
y te dejaron sin nada.

Un pueblo que muere es siempre
una raíz profanada.
En los caminos sin huellas
las ruinas se me hacen patria.

Entre cenizas y nieblas,
voy sintiéndome fantasma,
¿último ser de un concepto
y de una extinguida raza?

Castilla, hermosa tristeza
que no supo amar su casa.

II. Hoy

Te dividieron, Castilla,
hicieron leña a tu vara,
no les fue aun suficiente
Posguerra te despoblara,

al llegar la Transición
con igual o peor saña
contigo se comportasen,
¡hasta aventaron tu casa!

Y aunque te amamos no fue
suficientemente llama
el amor que te tuvimos
para salvar tu morada,

Ni siquiera nos dejasen
como inmutables e intactas
las huellas y las memorias
de canciones y tonadas,

que hasta eso, que es tu alma,
te quitaron por dejarte
pesarosa y despoblada,

sin memoria de ti misma
y sin alma…
para aplicárselas a otras

distintas, perversas patrias
que por darle errado fondo
a ti te desustanciaran,

en lugar de ser tu voz
-tan respetable y tan clara-
la que junto a otras voces

dieran lumbre y prez a España.

III. Mañana

Pero es esa agua
que pasa
de una a otra ventana
por los ojos de los siglos a otros nuevos mañanas,
por los acueductos viejos que a otros siglos manan
y que tus viejas canciones cantan
por donde yo veo tus murmullos de muchacha,
reciente, amable, tan grata,
con trenzas recién trenzadas,
orlada
de todas galas.

Y, con los siglos, me llegan eternamente palabras,
con una luz muy fresca y muy clara.

Días que a las noches calan
con los reconocibles y vivos fulgores con que mira tu mirada,
con lo espiritual de tu espíritu desde el que aun poder dar batallas.
¡Esas páginas tuyas no han podido pasarlas!

Es una calle muy ancha
la voz por la que tu cultura pasa,
y por ella transitan eximias, excelsas, imperecederas palabras.

Romances que a ti te cantan,
endechas llenas de magia,
seguidillas que traspasan
la belleza y verdad que tú a ellas les irradias,
monorrimas estrofas sabias,
jotas asonantadas,
redondillas que se abrazan,
cuartetos de belleza trágica,
cuartetas en ellas ricas, llenas de luz y fragancia,
serventesios corteses y aptos para requebrar a las damas,
melodías de las gestas aún con sabor a corazas,
danzas
telúricas que en tu derredor bailan
y que regresan con jazmines desde la primavera humana,
con gotas de siempre hablando de lunas largas,
coplas en cualquier metro ávidas de vida ávida,
espumas de siglos que a tu orilla se remansan:

cuándo sacras,
cuándo lágrimas,
cuándo plácidas,
cuándo ingenuamente pías, inmaculadas,
cuándo rezando plegarias,
cuándo heroicamente altas,
ganadoras de ciudades, castillos, reinos, territorios y distancias,
cuándo mágicas
cuándo clásicas,
relatos que te relatan
novelas sentimentales o pastoriles que de ti tratan,
obras de teatro dramáticas,
églogas de grandes lluvias portadoras de palabras,
autos sacramentales que al pie de templos nos hablan.
músicas de juglares que van sonando en las plazas,
músicas de conventos, de cortes o de iglesias con más curial elegancia,

pinturas que te pintaran,
imágenes que te tallaran,
esculturas que te labran,
arquitecturas góticas y románicas,
clasicistas, neoclásicas,
modernistas, futuristas y románticas…

¡Cómo van a poder enterrarte, aunque lo soñaran,
si por ti tantas bellezas, más eternas que los políticos de ahora, hablan!
¡Volverás, Castilla, a ser dueña de tu casa,
porque en su cantar se hizo a sí misma para siempre inmortal tu alma!

Sí, son esas palabras,
que tú guardas
y te aman
esas voces, acentos, sentidos que forjaran
tus madrugadas
desde que empezó a alborear contigo la luz del alba,
esas músicas gratas,
las que tienden delgados hilos que te llaman:
¡Castilla, Castilla, vuelve a tomar la palabra!

Para mí, Castilla, eres tan eterna y tan de alborada,
como aquella niña cidiana
que, en forma discreta, habla;
y, después de haber dicho tan dulcemente su cláusula,
retorna otra vez, serenamente, a su casa.
“Esto la niña dixo e tornose para su casa”.

No puede morir, ni menos ser enterrada,
una niña de “nuef años” que tan dulce y tierno habla.

Sólo has de conseguir que te reconozca España
un puesto entre las demás, hermana
de tus hermanas,
y si esto así lo hiciera la plural tierra de España,
mucho mejor se te viera, a ti, Castilla, y a España,
que es la madre de sus hijas, que a todas les ha de dar agua,
de ninguna ser madrastra
y menos de la que más por ella trabajara,

Mira que aún está latiendo tu corazón y que no calla,
Castilla, niña de “nuef años”, discreta niña cidiana.

Diles a aquellos que quisieren ir a cortarte tus alas,
que los vientos han traído viajeras fogatas
en llamas,
caminos de siglos que unen como frutos del cerezo a tus comarcas
y que quieren estar con los otros pueblos de España
agavilladas,
de gala,
rientes por bardas y pampas,
en el mismo racimo de estirpes y de uvas, que no sobrara
ninguna. Ni ninguna de las bayas
es despreciable en las vides que buenos frutos resguardan.

¡Cómo vas a serlo tú, Castilla, aunque estés ahora sin habla,
partida en tantos pedazos, silenciosa y olvidada!

Aunque estés ahora, tierra, tan muda cual flagelada,
tu cultura se percibe, tu cultura no se acaba.
Por escrito sí que hablas,
cómo hablan
tus ciudades, tus paisajes y esos tallos y mieses en parvas
que son tus varias
comarcas.

Y hablan
las espesuras de tus bosques donde encuentro lámparas
de heroínas de romances con sus cabelleras agitadas,
hijas del Cid azotadas,
de Bernardo del Carpio lanzas,
praderas por donde han cruzado los siete infantes de Salas,
arteriales personajes que llevan sangre a tu alma,
cántaros de don Juan Manuel que su leche nos derraman
Calila e Dimna contando viejas historias de Arabia,
y hasta a Azorín y a Unamuno hablándole de ti a España.

Algo erróneo ha de haber en esta España,
puesto que a ti te enmascara.
Para que primero a mediados del siglo XX fuerzas del mal te despoblaran
y luego, finando ya ese mal siglo, tu propia casa
aventaran.

Pero tus ríos, Castilla, iluminan igual, como lámparas,
porque de la tierra brotan y traen de allí sus palabras.
Los ríos, las cordilleras, los libros, poemas, novelas, teatro hablan,
para que no sigas muda. ¡Qué tormenta de palabras!

¡Qué forma de hablar tan clara!
¡Qué voz de honda garganta
la del río flotando en su agua!
La de la cordillera en su cellisca helada,
la de los libros entre sus guardas
y la de los poemas en cada sílaba, sí y no acentuada,
porque es el habla de Castilla y es mucha esa palabra.

¡Qué alegrías de cantar de Castilla,
urde, teje, ovilla e hila
en sus cantares Castilla!

¡Qué silencios de cantar de Castilla,
calla, tapa, oculta, olvida,
en estos tiempos Castilla!

¡Qué sorpresa sin cantar de Castilla,
asombra, duele, turba, admira,
que ya no cante Castilla!

¡Qué orfandad sin el cantar de Castilla,
falta, falla, ayuna, priva,
el misterio de Castilla!

¡Qué rasguño sin cantar de Castilla
roza, sangra, hiere, irrita,
por ser ausencia Castilla!

¡Qué congoja sin cantar de Castilla,
hiere, instiga, punza, pica,
por ser sigilo Castilla!

¡Qué menester de cantar de Castilla,
sopla, boga, llena, infla,
las velas de tu bajel,
para que tengas cabida
entre los pueblos de España,
otro más de la partida!

Si no hablaran
por ti los que hoy mandan,
Garcilaso les hablara,
Cervantes les novelara,
Juan Ruiz humanas rimas rimara
y Berceo a lo divino en cuaderna vía te afirmara,
Lope te versificara,
Quevedo soneto satírico lanzara
tan afilado como la punta aguda de su espada,
el dieciocho tratase de ti en su prosa neoclásica,
el XIX te romanceara
¡y el veinte tanto diría en y de tu lengua castellana!

IV. El canto de las comarcas

Y hasta
creo que hoy por ti ya las comarcas
castellanas
cantan
una canción muy simple, muy bella y muy grata.

La cantan
con alegría, con ilusión, despenadas,
plenas de luz castellana,
dejando que salga
a la luz la lumbre que hay en sus gargantas,
como rosas mojadas
por tormentas y borrascas
que han visto a través de los siglos, y ellas tajan
como espadas
para expresar a todo el mundo cordilleras de palabras,
movimientos sin tregua que cantan
en su propia voz castellana:

La Ribera, el Alfoz de Burgos y la Tierra de Arlanza,
el Alto Campoo, el Cerrato y La Montaña,
la comarca de la Costa, la de Trasmiera y el Besaya,
la Tierra de Cameros y la Rioja Alta y Baja,
la Comunidad de Sepúlveda, la Tierra de Cuéllar y la Tierra de Pedraza,
el Campo de Gómara, la comarca de Almazán y la Tierra de Ágreda,
la Tierra de Campos, la Campiña del Pisuerga, el Campo de Peñafiel, la Moraña,
la Campiña del Pisuerga, el Campo de Peñafiel, la Moraña,
la Sierra de San Vicente, Oropesa y la Sagra,
la Alcarria, la Manchuela y la Serranía Alta,
la Campiña del Henares y la Sierra de Guadalajara…
quieren ser lo que han sido desde que así las nombraran
¡agua
de la misma fuente que mana
fluidos nombres de comarcas!,
¡y quieren tener en Castilla su forma de ser España!

V. Coda. Esta Castilla ya, al menos, esta Castilla queremos

¡Bastaría con tan poco, con tan poco ya asentara
el respeto que se debe a tan gran fuente de España!
Con un Gesto, un Reconocimiento, un Órgano ya bastara,
con que la Cultura o el Deporte en algo se unificara.
¡Con que se diera esperanza!
Y que de una u otra forma el ámbito de Castilla hablara…

Así ya se preservara
lo que siempre ha sido. Es hoy. ¡Y también será mañana!

Del libro "Castilla, este canto es tu canto. Parte I: La Historia, la Literatura, el Futuro"

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)

Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor